Panorama Político Salteño
Diversas miradas

Villada y Esteban, la semanita difícil de los ministros

El ministro de Gobierno, Justicia y Derechos Humanos, Ricardo Villada y su par de Salud, Juan José Esteban, pasaron una semana difícil. (Dibujo: NOVA)

Desde adentro, dicen, no se toleran. El ministro de Gobierno, Justicia y Derechos Humanos, Ricardo Villada y su par de Salud pasaron la que tal vez fue, su semana más difícil.

El asunto de las vacunas VIP, o de personal estratégico marcó la agenda de los medios salteños y dejó entrever una pugna entre ambos de la que no pareciera haber posibilidades, a corto plazo, de llegar a un punto en común.

Quizás el primer garrotazo público lo aplicó Villada, quien en su momento negó dichos del gobernador que Juan José Esteban había dejado en los títulos de la prensa como justificativos a ciertos nombramientos de familiares como parte de un arreglo en común, entre él y el primer mandatario provincial para su llegada a la cartera que, de momento, ocupa.

Además de traer cola -y la consabida respuesta de Villada- estos detalles provocaron el malestar público generalizado. El ministro Esteban era, hasta ese momento, el héroe de la pandemia, el hombre que llegaba desde afuera de la política y que carecía de los vicios que tanto se les critica a quienes hacen de la misma un medio de vida.

De un día para el otro, la sociedad se enteró que el hombre había incluido a una hija, un yerno y una hermana, como parte de su ingreso a la cartera de Salud. Esteban se probaba el traje de nepotista y lo hacía sin problemas, a la vista de todos.

Villada, ni lerdo ni perezoso, cruzó al médico negando cualquier relación del gobernador con los nombramientos familiares en la planta gubernamental. Como se dice en el fútbol, el ingeniero dejó en offside a su par. Lo colocó en su lugar y lo exhibió públicamente para que la sociedad le dé un buen escarnio.

Y el médico lo sufrió con lo que más le duele, el silencio. Esteban es un hombre al que le gusta hablar con la prensa, no duda en dar respuestas o atender el teléfono. En este aspecto, Villada es más “profesional”, y antes de declarar, pregunta.

Las broncas son varias, pero la que más interesa es la diferencia en imagen e intención de voto. Juan José Esteban venía clasificando con buenos tiempos y su imagen era la más fuerte dentro del ministerio.

Esto, para alguien que no proviene del saencismo, es un llamado para sus compañeros y pares. Villada no puede ni acercarse a esos guarismos. El ministro de justicia recibió de buenas ganas, la posibilidad de acomodar en su sitio al médico, y no lo desaprovecho.

A un poco más de dos semanas de que tomen notoriedad los nombramientos a su familia, las voces que se alzaban solicitando la renuncia del ministro que colocó un poco de orden en los momentos más álgidos de la pandemia, no eran pocas.

Desde la prensa, como también en redes sociales o charlas de café, las voces que pedían la cabeza del médico ya no eran pocas. Su situación escalaba y hacer defensa de su obra era cada vez más difícil.

Aun así, siempre se puede estar peor. Como no podía ser de otra manera, el escabroso tema de las vacunas VIP, o a Personal Estratégico, no demoró en trasladarse desde los ámbitos nacionales y llegar al norte del país.

El gobernador Gustavo Sáenz ya había declarado en su momento que en caso de que la situación se replique en la provincia de Salta, los responsables deberían pagar el costo de tremendo acto.

En Argentina, y en Salta, las dosis llegadas no cubrieron ni siquiera al 10 por ciento de la sociedad, y queda aún personal de salud, seguridad y educación sin vacunar, ni hablar de personas de riesgo. Se hace, pero en cuentagotas, lento, en función de lo que envía la Casa Rosada.

Los problemas iniciaron cuando la encargada de inmunizaciones de la provincia declaró que dentro de la planta política habría unos mil inmunizados. Luego, algunos nombres comenzaron a sonar, Amat, Hucena, Outes, entre otros.

La presión social fue fuerte y se comenzó a hablar de “Personal Estratégico”, pero no alcanzó. La información está en el ministerio de Salud, y quien la administra, al igual que quien administra las vacunas, es el ministro Esteban.

Mediante una conferencia de prensa brindada por Ricardo Villada (Saénz se encontraba en buenos aires para reunirse con el ejecutivo nacional), se intentó dar un nuevo rumbo a lo sucedido, y Villada, sin que le tiemble el pulso aseguró que ni siquiera el gobernador, ni mucho menos el mismo, estaban al tanto de lo sucedido en el hospital Señor del Milagro, en donde dichas inmunizaciones se llevaron a cabo.

El ministro de Gobierno habló de diez vacunados, de los cuales solo le habían llegado cinco nombres, y los restantes no los conocía, eran potestad del ministro de Salud. Luego de dicho garrotazo mediático, nuevamente los medios fueron contra Esteban, y con razón.

Efectivamente, quien da las órdenes en esa área es él. La responsabilidad, al menos en el aspecto formal, es de él. Nuevamente su cabeza era ofrecida al público y con razón. Dos veces en las que el superhéroe de la pandemia había mostrado su lado humano, cargado de tentaciones y vicios, al igual que cualquier otro hijo de vecino.

Las horas pasaron, y la conferencia de Villada naufragó, la estrategia seguida por el ingeniero no era eficiente, los ánimos no se caldearon y la tribuna exigía sangre, otra cabeza junto a la de Esteba, y lo que sonaba era, ni más ni menos, que la suya.

Villada cometió el grave error de impedir el acceso a la información pública, destrato a periodistas (que luego narraron sus andanzas durante dicha conferencia) y defendió lo indefendible, quizás calculando que, con ofrecer el corazón de Juan José Esteban a los dioses, el temporal se detendría.

Muy lejos de esto, las aguas se vieron tan agitadas, que desde Buenos Aires llegó la orden que varios temían: “el gobernador ordenó que se publique la lista de las personas afectadas al Gobierno de Salta y que se recibieron la vacuna Covid-19”, se leía en las exclusivas.

A la mañana del día siguiente aparecieron 22 nombres. Personal de Salud afectado al Ministerio, secretarios, coordinadores, diputados… 42 años, menos de 30 años, 38 años. La información no cayó bien. No solo por los graves detalles marcados antes, sino por el sabor a poco de la lista.

Además, la conferencia previa de Ricardo Villada, no hizo más que confirmar otro dato, la gente no solo quiere la cabeza de Esteban, la muchedumbre también clama por la suya. Villada se inmoló haciendo lo que mejor sabe hacer, hablar sin decir y negar todo, aunque, así como en su momento fue él el encargado de dejar fuera de posición a Esteban, ahora era él mismo quien se había metido corriendo adelante sin contemplar que el pase no había salido. Cuando la pelota partió, Villada estaba demasiado adelantado, fuera de posición.

Villada se sacó las ganas con Esteban esta semana, pero no midió que su afán de correr al ministro mejor posicionado de Sáenz lo iba a dejar tan en evidencia, tan expuesto, que sería su propia cabeza la que ahora correría riesgo. Y en esto hay que ser imparciales, Juan José Esteban debe dejar su cargo, sin embargo, Villada también. Ambos están agotados.

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