Política
Exclusivo de NOVA

Tribunal turbio como agua del Arenales

La ex intendente salteña Bettina Romero y el ex secretario municipal Benjamín Cruz.

A diferencia del reino animal, en las oficinas que deben controlar los malos accionares de los intendentes comenzaron a despertarse en pleno invierno, tras varios meses de sueño profundo.

A más de medio año de la asunción del actual intendente, recientemente dieron a conocer una deuda millonaria que dejó la jefa comunal, pero por la que demoraron muchísimo en confirmarlo formalmente. Entre los señalados está un ex romerista vinculado con causas demasiado oscuras.

Cuando asumió la Intendencia capitalina ni el mismo Emiliano Durand sabía la realidad que le tocaría afrontar. Allá por diciembre del año pasado, se hablaba de una deuda heredada de cerca de 8 mil millones de pesos en perjuicio de la Municipalidad de Salta.

Esto, claro, fue desmentido por la ex jefa comunal a través de su equipo que se despachó en la ex Twitter afirmando que se trataba de una estrategia de la nueva gestión para amortiguar sus próximas medidas tributarias.

En esos meses, desde el romerismo salieron a decir que el pagar sueldos, aguinaldos y contratos con proveedores no debería ser considerado como deuda, y que dejaban una municipalidad saneada.

Hoy, a casi siete meses de aquellos tuits, se revela algo realmente vergonzoso, pero no solo para el municipio en sí, sino también para los protagonistas de la historia.

Resulta que ahora el Tribunal Administrativo de Cuentas de la muni salteña, un órgano, en teoría, de control, informa que efectivamente se dieron cuenta que, tras una auditoría, la municipalidad le dejó una deuda a Durand de más de 5 mil millones de pesos.

Ojo, no es faltante. Pero sí se tratan de pagos que debieron realizarse hasta antes de que la hija del senador nacional dejase el cargo en medio de abucheos en el complejo de El Tribuno, y no a estas alturas de la nueva conducción.

El organismo que tiene entre sus vocales a Sócrates Paputsakis, Fernanda Yanakis y Benjamín Cruz, despertó del letargo y, tarde, advirtió la situación que se les pasó por las narices.

A pesar de las advertencias sobre los desmanejos de las arcas comunales, los vocales del organismo estuvieron siempre al margen de toda discusión.

Pero, sobre todo, llama la atención que ya sin chances de lograr algo concreto con la familia Romero, ahora Benjamín Cruz se hace el sorprendido ante las deudas dejadas por su anterior equipo de trabajo.

No hay que olvidar que Cruz, tras ser desterrado de la Secretaría de Seguridad de la provincia con la asunción de Abel Cornejo como ministro, recayó en la Secretaría de Gobierno de Bettina Romero quien le dio asilo y blindaje mientras estallaba a nivel local uno de los episodios más oscuros de la provincia.

Es que Cruz estuvo fuertemente ligado a un crimen que sacudió a todas las esferas locales. Un Hombre que apareció baleado y apuñalado en un barrio de la Capital, y que tenía fuertes lazos con un temible sicario que fue extraditado desde Bolivia hacia nuestra provincia meses antes de su terrible deceso.

Cruz, funcionario provincial en ese entonces, autorizó el ingreso irregular del ya finado Darío Monge a visitar a Oscar "Cabezón" Díaz a un establecimiento penal, a pesar de no poder hacerlo.

Luego de ese hecho, no se supo mucho más de Cruz. Quiso pelear una intendencia y la gente le dio la espalda.

Acechado por la Justicia tortuga, y con casa nueva en un custodiado country, movió las influencias para que pudieran dejarlo en algún puestito fijo y la ex jefa comunal lo mandó al TAF desde donde ahora muerde la mano de quien le dio de comer para convertirse en un hombre que hace lo "correcto". Lástima que dio medio año de ventaja a sus benefactores.

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