Ricardo se va, sí… pero haciendo ruido y encendiendo un fueguito amigo
El saliente ministro de Gobierno de Salta, Ricardo Villada, eligió sus últimas semanas dentro del gabinete para soltar una frase que, más que despedida, sonó a tiro por elevación: “Ganamos la provincia, pero perdimos Capital y actuamos como si nada hubiera pasado”, aseguró el ingeniero Ricardo, así, como quien no quiere la cosa.
En una estructura que acostumbra blindarse hacia afuera y resolver los temblores de puertas hacia adentro, el sincericidio público del funcionario cayó como ese rayo que relampagueó hace rato, pero se hace esperar con gran tensión.
Además, nadie imaginó que sería Ricardo el portavoz de una estrategia que ya es muy repetitiva. Pasó en mayo, ¿por qué no repetir las culpas y responsabilidades hacia el lugar menos indicado? Una genialidad.
Pero, volviendo a los dichos, la frase no fue solo un comentario aislado. Villada insistió en la idea de un oficialismo que atravesó las elecciones provinciales con grandes candidaturas, pero fue incapaz de sostener la principal vidriera política: el departamento Capital. “Fue un llamado de atención clarísimo. Y es como que no pasó nada”. La confesión no solo subrayó una derrota estratégica de la que Grand Bourg no piensa hacerse cargo.
Los más atentos creen que Villada habló, no como un dirigente, sino como un vocero liberado. Su salida inminente del gabinete le da un margen que otros no tienen.
Pero reducir todo a un sincericidio final sería cómodo. Lo que dijo tensiona, incómoda y obliga a mirar hacia adentro de un oficialismo que, aun con mandato vigente y reordenamiento de organigrama en marcha, mantiene grietas soterradas que suelen asomarse solo cuando alguien algún cráneo la choca y evita hacerse cargo. Villada omite confesar quién es el responsable por el armado de las listas.
Las declaraciones, en ese marco, funcionan como anticipo de una interna demasiado prematura para el calendario, pero demasiado real para ignorarla. A dos años del 2027, los movimientos empiezan a insinuarse sin necesidad de proclamaciones abiertas.
Y cuando un ministro que se va pone en palabras lo que nadie dentro del poder ejecutivo expresa públicamente, el mensaje deja de ser una reflexión tardía y se convierte en un aviso.
Ricardo se va tirando petardos, aunque quizás no sea ni el momento, ni el lugar para hacerlo. Tensiones, fracturas y quiebres en “El Poncho”, no haría más que facilitar más el advenimiento de Ahora Patria, que corre con la ventaja de la franquicia violeta. Es momento de retomar el Martín Fierro, muchachos. No vale la pena ejercer el acto de contar costillas.








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