Paridad de género en el Senado: la promesa de 2017 sigue incumplida y se patea al menos hasta 2030
La paridad de género en el Senado volvió a quedar en deuda. Con la nueva composición que asumió el 10 de diciembre, las mujeres ocupan 33 de las 72 bancas, apenas el 45,8 por ciento, lejos del 50 por ciento que prometía la ley aprobada en 2017. El dato no es anecdótico: por cuarto turno electoral consecutivo la paridad no se cumple y, según proyecciones, no se alcanzaría antes de 2030.
La explicación formal es conocida, pero incómoda: la mayoría de las listas siguieron encabezadas por varones, lo que convierte a la paridad en un requisito mínimo y no en una regla efectiva de poder. En los hechos, la ley asegura “una mujer” en la boleta, pero no evita que el liderazgo político siga siendo masculino.
El número pudo haber sido peor o apenas mejor. Las senadoras debían ser 34, pero Lorena Villaverde no pudo asumir por el rechazo a su pliego, vinculado a presuntas relaciones con un empresario acusado de narcotráfico. Así, la paridad quedó todavía más lejos.
El problema no se limita a las bancas: el poder interno también es desigual. Solo una mujer preside un bloque con peso en el Senado, Patricia Bullrich, al frente de La Libertad Avanza. El resto de las mujeres conduce monobloques o espacios de baja incidencia, una señal clara de que la representación no se traduce en conducción.
Los números por bloque exponen el límite del discurso. En el Justicialismo, las mujeres son 9 de 21; en La Libertad Avanza, 8 de 20; en la UCR, 4 de 10. Ninguna de las principales fuerzas alcanza siquiera la mitad femenina. La paridad existe en el texto, pero no en la práctica.
El caso de Flavia Royón, senadora por Salta y una de las pocas mujeres con visibilidad territorial, ilustra la paradoja: hay figuras, hay nombres, hay trayectoria, pero el sistema sigue funcionando con reglas que favorecen a los mismos de siempre.
A casi una década de la ley, el balance es incómodo para toda la dirigencia. Se celebra la paridad como bandera, pero se la vacía de contenido cuando llega el momento de armar listas, distribuir poder o conducir bloques. Mientras tanto, el Senado sigue lejos de reflejar en igualdad la composición real de la sociedad.








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