Panorama Político Salteño
A poco de cumplir medio año de gestión

Mientras Kety hace quesillo, Güemes está en ruinas

No basta con las buenas intenciones, Carlos "Kety" Rosso debe tener gestión, y hasta ahora, no ha demostrado estar a la altura. (Dibujo: NOVA)

Estamos a dos semanas de que las administraciones ejecutivas del país, al menos las ingresantes, cumplan medio año en el cargo. Presidente, gobernadores e incontables intendentes celebrarán el próximo 10 de junio los primeros seis meses de mandato, aunque la verdad por estos lados no habría mucho por qué brindar.

Aquí, muy cerca de la capital, a menos de una hora en vehículo, se encuentra la ciudad de General Güemes. Paso obligado para aquellos que atraviesan la provincia de norte a sur o viceversa, y un nuevo polo industrial favorecido por su ubicación a los márgenes de la ruta 34.

Lamentablemente, a pesar de su crecimiento poblacional y al desembarco de inversiones privadas y estatales de todo tipo, los vecinos no experimentan un estado de bienestar ni mucho menos tienen condiciones de vida acordes a una de las ciudades más importantes de la provincia que, aunque no tengan la misma cantidad de habitantes, está a la altura de Orán, Tartagal o Rosario de la Frontera. Es de "las grandes", pero sigue teniendo mentalidad de pueblo.

Y en esto gran culpa tienen sus representantes. Personas que no velan por el pueblo en sí, sino para sus propios bolsillos. A nivel departamental tienen atornillado a Germán Rallé como diputado hace varios años, mano derecha del presidente de la Cámara y presidente del bloque de legisladores mayoritario. Junto a él, Daniel Segura, un ex intendente de aquella ciudad que dejó más deudas que desastres, y eso es mucho decir.

Hasta no hace mucho también tenían un senador conocido, Carlos Rosso, quien justamente asumió el pasado 10 de diciembre como intendente local. "Kety" como lo apodan, se ganó el cariño de muchos de los habitantes por su carisma, su peculiar forma de hablar, y por su llegada. Es un vecino más, y ahí radica el problema: él ya no es un vecino cualquiera. Rosso pareciera no haberse enterado que es quien lleva las riendas del municipio y que, por ese motivo, no basta solo con ser bonachón, sino que hay que demostrar gestión.

Los problemas empezaron a notarse a los pocos meses. Mientras todavía gozábamos de la época estival, un temporal arrasó con la ciudad rutera y el jefe comunal, rulos al viento, intentó vestirse de rescatista. Para su desventaja, no contaba con maquinarias ni personal para asistir a la gente por lo que, incluso hasta ahora, se siguen viendo los árboles caídos al costado de la 34, o los vecinos continúan esperando la ayuda que nunca llegó.

Si bien heredó un municipio devastado, tampoco gestionó mucho como para sacar a la gente de ese pozo. De hecho, hoy los güemenses afirman estar peor que hace seis meses atrás, cuando todo era caos y Sergio Salvatierra tenía que caminar custodiado por los constantes reclamos. Una terminal en ruinas, semáforos sin funcionar, falta de iluminación, espacios sin desmontar que favorecieron la proliferación del dengue, falta de control vehicular, ni una calle sin baches, creciente inseguridad y ola de robos, escuelas y hospitales sin colaboración comunal, son solo algunas de las falencias que dejó crecer Kety que, lejos de ocuparse del asunto, sigue en su nube de flatulencias paseándose por cuanto evento social puede, como el último de esta semana donde se lo vio realizando quesillo en vez de estar buscando mejoras para la ciudad.

El cambio era necesario, sí. Pero al lado de Rosso, Sergio Salvatierra, Daniel Segura y hasta Alejandra Fernández parecen Angela Merkel.

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