Martín Vestiga
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Martín Vestiga y la mimada del Grand Bourg

Martín Vestiga, un fiel colaborador de NOVA. (Dibujo: NOVA)

Sagaz como siempre. Intrépido e inquisidor. Adjetivos que sólo califican a Martín Vestiga, un asiduo colaborador de NOVA que vive trabajando y que, en sus ratos libres, investiga como pocos. Todo un adicto a su profesión.

Andaba dando vueltas por la peatonal, buscando algún gorrito de lana por el "pulgas" para aminorar los efectos de las bajas temperaturas, cuando desde el interior de una sandwichería muy concurrida se desprendió un desagradable olor. Pensando que se trataba de algún hecho trascendente, decidí acercarme y vi a la gente muy tranquila, como si no sintieran esa incomodidad que percibí yo al transitar por el lugar. Cuando me dispuse a alejarme, entendí de dónde provenía tal hedor. Era él, Tito Rosca, el ser más despreciable que pude conocer en estos años de profesión.

En vano fueron los intentos por escabullirme entre la multitud de la peatonal ya que logró reconocerme.

- "¡Martín, Martín! ¡bancá!", me vociferó a la distancia. No tuve más opción que ser cordial y devolverle el saludo mientras seguía caminando. Insistente, Rosca se puso a la par mía, mientras esgrimía un chisme que me llamó la atención.

- "¿Viste la bronca que hay en Grand Bourg? en el grupo de ´Las Divinas´ se quieren arrancar las pestañas postizas ante la desigualdad que se vive ahí dentro".

Indignado pregunté el por qué de tales acciones, esperando, tal vez, una respuesta que crispara los ánimos de la sociedad ante hechos de corrupción, violencia o alguna de esas artimañas a las que nos tiene acostumbrado la política. Pero mi asombro fue tal al escuchar la respuesta, que solté una carcajada casi llegando a Plaza 9 de Julio.

- "No, nada que ver. Hay enojo porque a la 'nuevita' de Manuela Arancibia le dan con todos los gustos y atrás queda el grupo de Romina (Arroyo), Esteban (la hija del ministro de Salud) e Irene Soler (esposa del senador Emiliano Durand). A Manuela le consiguen lo que pida, y a las demás apenas si les pagan algún viático para dar uno que otro paseo por la provincia. Están que trinan", afirmó mi desagradable interlocutor, mientras se limpiaba la boca llenas de miga del imperial que había comprado metros atrás.

Al grito de "averiguá, te vas a caer de risa", emprendió una rápida huida hacia una de las paradas de colectivos cercanas para que no se le escapara el SAETA que lo lleva hasta sus aposentos, dejando en mí una sensación rara entre gracia, por tal chisme; y desazón al saber las preocupaciones de algunas funcionarias que no entienden, aún, eso de la función pública.

Mándale gas, no te perdás, acordate en dónde estás…

fíjate siempre de qué lado de la mecha te encontrás.

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