Sagaz como siempre. Intrépido e inquisidor. Adjetivos que sólo califican a Martín Vestiga, un asiduo colaborador de NOVA que vive trabajando y que, en sus ratos libres, investiga como pocos. Todo un adicto a su profesión.
Tan solo a mí se me puede ocurrir desafiar a la madre naturaleza y querer tener unos días de descanso en el norte de la provincia. Solo a mí se me olvidó chequear qué tan caluroso estarían los días del fin de semana antes de viajar a la puerta del infierno.
Y no, no hablo del cráter que se formó en Uzbekistán por la explosión gasífera ni mucho menos, hablo del tortuoso y malvado Tartagal. Una localidad donde, a la sombra, el termómetro marcaba 45 grados, donde el agua es más preciada que el sueldo del intendente Mario Mimessi, y donde andar en cuero debería estar permitido mediante la Carta Orgánica, al menos.
Claramente mi organismo no estaba preparado para soportar tal calor. No había asomado siquiera la tarde del sábado, cuando desesperado tuve que acudir al supermercado ubicado a la vera de la ruta en búsqueda de un poco de refrigeración para mi ser.
El estar en el interior, con local climatizado, ayudó a disminuir los embates del sol, aunque no tardaron mucho tiempo en percatarse que no estaba comprando nada, por lo que me pidieron retirarme. Tratando de escapar del abrazante calor, fingí un desmayo y terminé en la guardia del Hospital Perón, en donde los médicos amenazaron con sacarme a la calle si no dejaba de fingir alguna descompostura.
Tuve que ceder ante la presión y mi inminente desventura por la tierra del mango y el "Gato". Afirmé que todo había sido un acting, pero imploré por quedarme a resguardo en una sala donde los ventiladores estaban soportando tanto como el tobillo del Diego (Maradona) ante Brasil en Italia 90.
Allí me hice amigo de un médico, que iba y venía, iba y venía, y de a ratos desprendía delantal, sacaba los pies de los crocs y se desplomaba frente a los héroes marca Liliana.
"Cómo laburan che. Y desde allá no les mandan ni un aire en condiciones", le tiré a modo de romper el hielo. Ni mucha falta hizo que se giró, y empezó a hablarme como si dos panchos amigos fuéramos.
"No sabes hermano. Encima acá hay líos por todos lados. Ya ni hacer las guardias tranquilo podes porque, con tal de figurar, estos días están todos más insoportables que de costumbre", me respondió.
Yo, entusiasmado, le dije que el calor suele afectar el humor de la gente, a lo que me retrucó con algo que no tenía entendido: "¿Qué calor? Acá están histéricos por la elección del gerente".
Resulta que, la última medida adoptada por el cada vez más criticado ministro de Salud, Juan José Esteban, fue que cada pueblo se haga cargo de sus hospitales, eligiendo a los gerentes mediante votación de trabajadores, como ocurre en hospitales de autogestión, pero que no debería ser así en el Perón. Misma medida se dispuso para otros nosocomios del norte como Orán y Mosconi.
Decidí ir a visitar a un concejal, amigo del impresentable de Tito Rosca, para que me contara más al respecto. Ofuscado, el edil criticó a los miembros de la salud que cayeron "redondos" en la trampa que les puso Esteban.
"El tipo este les hizo creer que con esto iban a ser protagonistas, pero resulta que se está lavando las manos él solo. Dio el manotazo de ahogado, y entraron como linyera al bife".
Sálvame de la soledad
(Sálvame del hastío)
Estoy hecho a tu voluntad
(Sálvame del olvido)
Sálvame de la oscuridad
(Sálvame del hastío)
No me dejes caer jamás








Seguí todas las noticias de NOVA Salta en Google News







