Martín Vestiga
Una producción de NOVA

Martín Vestiga y el amor francés del secretario

Martín Vestiga, un fiel colaborador de NOVA. (Dibujo: NOVA)

Sagaz como siempre. Intrépido e inquisidor. Adjetivos que sólo califican a Martín Vestiga, un asiduo colaborador de NOVA que vive trabajando y que, en sus ratos libres, investiga como pocos. Todo un adicto a su profesión.

Entre el frío y la llovizna que caía en la tarde de ayer en Salta, decidí quedarme en casa, ver la película de Luisana Lopilato en una reconocida plataforma virtual, y hacer una merecida siesta "como si no le debiera a nadie". Con medias de lana de llama y gorrito dormilón, lo que iba a ser un pequeño descanso derivó en una semi hibernación con pérdida total del espacio tiempo, comúnmente llamado "desorientado como samurái con boleadora".

Haber puesto el teléfono en silencio no fue buena idea; no programar la alarma, mucho menos. Al despertar, mientras los últimos rayos de sol se perdían detrás de los cerros de la Cordillera, las notificaciones en el celular no dejaban de llegar. De prisa, creyendo que se trataba de algo importante, o alguna emergencia, tomé el celular entre mis manos y, al encender la pantalla, me llevé una desagradable sorpresa.

Una mala noticia hubiera sido mejor recibida. Pero no, era él, detestable como solo él sabe ser, Tito Rosca, ser despreciable por si los hay. Sin abrir el mensaje de forma directa, opté por buscar las notificaciones para que no le salieran las dos tildes azules y se ponga aún más denso. Tal vez fue el sueño, o simple torpeza de mi dedo pulgar, terminé entrando "sin querer" al chat con Rosca quien, ni lerdo ni perezoso, al ver el doble check arremetió contra mí con una llamada por WhatsApp.

- "Tincho, ¿dónde andás? te estás perdiendo el despiole" me dijo apenas atendí su llamada.

- "¿Qué pasó Rosca? Cuanto me alegra oírte" le largué con ironía, sin creer que lo que diría, sería realmente llamativo.

- "¡Noo! Impresionante. Le dieron la 'cana' a una 'cana' en la oficina de Benja. Estaba en pose rara y justo llegó la mujer. Vos viste, cargo nuevo, casa nueva, pero las mismas viejas mañas. Terrible. Mirá el grupo" finalizó antes de cortar la llamada.

Decidí no dejarme llevar por los chismeríos de Rosca y consulté allá, por avenida Paraguay, si había pasado algo de eso. Un empleado que comía empanadas en un puestito del frente, fue quien confirmó lo dicho. "Llegó la esposa de sorpresa, aunque parecía que sospechaba algo. Adentro sonaba "Peteco" Carabajal con la secretaria del Secretario. Se pudrió. El de limpieza escuchó lío y se fue a la playa para no quedar pegado. Y usted vio cómo corre el chisme Don Martín".

Esa tipa vino a consolarte

Un poco de amor francés

No muerde su lengua, no

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