Política
No legisla, no debate, no propone

María Emilia Orozco: la falsedad hecha persona

Hay una meta para María Emilia Orozco: ganar y ganar poder ¿Para qué? Solo Alfredo Olmedo lo sabe. (Dibujo: NOVA)

Ganó. Aplastó. Sonrió para la cámara, levantó los brazos, agradeció a Dios, a Javier Milei y a TikTok. María Emilia Orozco es, desde este domingo, senadora nacional por Salta. Un título pomposo que suena más grande que su desempeño político: dos años de mandato como diputada nacional sin un solo proyecto presentado y con una comisión de libertad de expresión —que preside, pero jamás hizo trabajar— convertida en un depósito abandonado dentro del Congreso.

Su paso por la política podría definirse como un ejercicio constante de autopromoción, una sucesión de historias de Instagram, reels y discursos reciclados del manual libertario. No legisla, no debate, no propone. Orozco no representa ideas: imita.

Su capacidad para repetir, palabra por palabra, el discurso de Milei, Manuel Adorni o el Gordo Dan, la ubica más cerca del rol de actriz de reparto que del de dirigente. Una gran imitadora con banca oficial dispuesta a ir incluso en contra de los jubilados si se los ordenan sus jefes: sin chistar, sin quejarse, sin ruborizarse. Hay una meta: ganar y ganar poder ¿Para qué? Solo Alfredo Olmedo lo sabe.

En este contexto de vacío de ideas, lo último ya supera el ridículo. Como si quisiera emular a una Elisa Carrió de cabotaje de las Yungas, Orozco encontró en la crítica vacía su religión personal. No construye nada: demuele lo ajeno. Sus enemigos son variables —a veces Gustavo Sáenz, a veces el kirchnerismo— según lo que rinda mejor en las redes o lo que sume más interacciones. La política del algoritmo.

Y en ese universo de falsedades cuidadosamente editadas, su última “acción política” fue el colmo de la impostura: salió a levantar un par de carteles de la vía pública bajo el eslogan “estamos limpiando la ciudad”. Una vulgar copia del gesto marketinero de la intendenta de Tucumán, tardía y patéticamente innecesaria. Mientras otros gestionan obras, asfaltan calles o apagan incendios, Orozco hace campaña levantando dos carteles para subirlo a TikTok.

Así de simple: mientras unos trabajan, otros actúan. Mientras algunos se embarran las manos, ella acomoda el pelo frente al celular y busca el mejor ángulo. María Emilia Orozco es la representación perfecta de esta era de la política de cartón: sin proyectos, sin gestión, sin ideas. Solo filtros, frases hechas y una coreografía de indignación permanente copiada de los influencers libertarios de moda.

La falsedad hecha política. Una senadora nacida del like, alimentada por la furia y cuya carrera ascendente depende solo de los éxitos o errores de la persona a la que le copia cada palabra, gesto y discurso. Puro vacío, una pena.

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