Panorama Político Salteño
El escenario

Emilia Orozco se desinfla: la “Lemoine salteña” cae en las encuestas

El romance con Milei ya no enamora y la rebelión que vendía como marca registrada terminó reducida a una obediencia boba y justificaciones de pesada herencia. (Dibujo: NOVA)

La ola libertaria empieza a sufrir las turbulencias típicas del hartazgo de la gente y en Salta la primera en sentir el golpe es María Emilia Orozco. La diputada nacional y candidata a senadora, que hace apenas semanas se paseaba como la encarnación de Javier Milei en el norte, ahora enfrenta un derrumbe de grandes proporciones: en solo dos semanas perdió casi la mitad de intención de voto y todo da a entender que el fenómeno no le pertenecía, no era ella.

La derrota en Buenos Aires sufrida por La Libertad Avanza ya hizo estragos en la autoestima del espacio, pero lo que más golpea es el reguero de escándalos de corrupción que erosiona lo poco que quedaba de épica anti casta.

El votante, desencantado, empieza a mirar para otro lado y a prestarle oído a quienes, con menos estridencia y más armado, muestran músculo real: el oficialismo provincial, que se fortalece a la sombra de Gustavo Sáenz, y Fuerza Patria, con un Juan Manuel Urtubey revitalizado al frente.

En el caso de Orozco, el descrédito no es solo por arrastre. Su propia gestión parlamentaria ya le venía generando críticas: preside la comisión de Libertad de Expresión, pero se escondió debajo de la mesa cuando estallaron los audios que comprometían a Karina Milei y el aparato del poder nacional.

Ni libertad ni expresión: el silencio de Orozco con relación a la mordaza impuesta desde el poder y la presión a la prensa la deja en un lugar de difícil retorno: “hace un año que no trabaja”, aseguró un diputado nacional, espetándole a la salteña el hecho de ocupar una banca y presidir una comisión, pero, sin embargo, pasársela más días en Salta de campaña que trabajando en el lugar para el que fue elegida.

Y el problema es que la candidata nunca logró construir fuerza propia. Sin estructura, sin proyectos presentados que beneficien a la provincia y sin inversiones nacionales que respalden sus visitas al interior, cada gira se convierte en un pequeño vía crucis: pueblos con rutas destruidas, infraestructura ausente y vecinos que no compran más el ya gastado slogan de la “nueva política”. Orozco recibe, en el mejor de los casos, indiferencia; en el peor, reclamos incómodos de los que es incapaz de salir airosa.

La mujer que prometía ser la versión norteña del león libertario hoy aparece como una dirigente a la deriva y abandonada a su suerte, empujada por el naufragio nacional y sin brújula local.

El romance con Milei ya no enamora y la rebelión que vendía como marca registrada terminó reducida a una obediencia boba y justificaciones de pesada herencia.

Con el viento electoral en contra, la candidatura de Orozco se parece cada vez más a un proyecto abandonado por falta de capitales: ni Buenos Aires la sostiene, ni el interior la acompaña, ni las encuestas la respaldan. Y en política, cuando todos los romances se terminan a la vez, el final suele ser tan predecible como implacable.

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