El "territorio" como botín y la procesión feudal del Frente Club 20 de Febrero
En la política salteña, el "territorio" no es un espacio de debate ni de construcción ciudadana: es un feudo que se vigila como si fuera una finca ganadera.
Y allí aparece el flamante “Frente Club 20 de Febrero” (antes conocido como La Libertad Avanza Salta), que de libertarios tiene lo mismo que un cabarulo de poca monta: mucho fiado, poco efectivo y ninguna carne verdaderamente fresca.
Las malas lenguas andan diciendo que el Team Leader de la campera amarilla, Alfredo Olmedo, anda desesperado buscando centinelas que le cuiden la chacra electoral. Como buen patrón de estancia, entiende que sin capataces que vigilen el potrero de los votos, la cosa se le escapa de las manos.
Por eso, en un acto de feudalismo explícito, fue a golpear la puerta de Juan Carlos Romero, que de organizar feudos sabe mucho, aunque no mueva un dedo sin antes asegurarse la cosecha propia.
Y Romero, generoso como siempre cuando ve la oportunidad de mantener su sombra en el tablero (minero), le ofreció un alfil obediente: Aroldo Tonini, ex funcionario del bettinismo que, aunque sufriendo sendas derrotas anteriores, volvería a ponerse los botines por orden del Jefe.
El problema es que, mientras Olmedo busca guardianes, el jefe máximo, Javier Milei, viene en caída libre desde que se perdiera en los zaguanes de provincia de Buenos Aires.
Y si arriba el viento sopla en contra, abajo el aire se corta con cuchillo: la tropa libertaria (perdón, feudal) ya no sabe si salir a caminar el barrio o esconderse bajo la cama para no escuchar las cariñosas puteadas de los vecinos.
El 26 de octubre no se juega solo una elección: se juega la credibilidad de un espacio que prometía dinamitar la casta y terminó mendigando favores a los mismos de siempre.
Olmedo custodia el territorio como si fueran hectáreas de soja, Romero mueve peones como si fuera dueño del tablero (y por momentos se reafirma la idea de que lo es) y Milei, mientras tanto a lo lejos, se desploma en el ranking de la devoción popular.
Todo un combo que confirma que en la política salteña no hay libertarios ni revolucionarios: hay patrones, hay feudos, hay clientela, y un pueblo que, otra vez, asiste a este circo con la entrada más cara… Con la tuya.








Seguí todas las noticias de NOVA Salta en Google News







