Panorama Político Salteño
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El Concejo Deliberante salteño se transformó en un aguantadero

Aunque pareciera que la justicia resumió todo en un juicio sencillo, abreviado, las verdaderas posibilidades de la causa son dramáticas. (Dibujo: NOVA)
Ricardo Ariel “Chuky” Flores.
Homenaje al represor Juan de la Cruz kairuz.

El título es muy duro… sí, pero lo que sucedió lo es aún más. Y aunque pareciera que la justicia resumió todo en un juicio sencillo, abreviado, las verdaderas posibilidades de la causa son dramáticas.

Esta semana un concejal capitalino aceptó su culpabilidad por el delito de robo con efracción y en poblado y en banda. La causa se intentó silenciar hasta último momento, pero no hubo caso, todo trascendió.

La pregunta que cabe hacerse, antes de entrar en detalles, es si el presidente del Concejo Deliberante de Salta está a la altura de las circunstancias. Su primer año como responsable del recinto venía más o menos tranquilo, hasta que dos sucesos agitaron las aguas. Uno gravísimo, y el otro aún peor, vergonzoso.

A finales del 2020, un caso sensible volvió a estar en boca de miles de saltemos que, indignados, veían nuevamente al poder pasar por encima del dolor de una familia entera.

La justicia determinaba que Alejandra Aldana Leyseca, asesina de Sabrina Berlín en marzo del 2008, estaba pronta recuperar su libertad tras cumplir la mitad de la condena y tener "buena conducta".

Sin embargo, lo que más impotencia causó fue que la joven, quien ya venía siendo beneficiada por salidas transitorias para visitar a su familia y que incluso tenía hasta autorización para realizar deportes fuera del establecimiento penitenciario, tendría todo arreglado para ser asistente nada más y nada menos que del mismísimo Darío Madile, sí, el presidente del Concejo Deliberante de la ciudad de Salta.

Fue tal el escándalo e indignación que esto provocó, que varios tuvieron que salir a desmentir tal posibilidad. Ante la reacción popular, el edil a cargo de la sala deliberante salió a negar todo de plano, y finalmente, todo quedó en la nada.

Como si esto fuera poco, y el riesgo de vergüenza a la que se exponen los concejales al momento de otorgar contención a cualquiera que les junte tres votos no fuera suficiente, además, en el afán de generar la percepción de que “trabajan”, son capaces de aprobar cualquier cosa sin siquiera realizar una sencilla búsqueda en Google. No investigan. No hacen.

Fue en diciembre del 2020, cuando el Concejo Deliberante de la ciudad de Salta desató otro escándalo al homenajear al deportista y director técnico Juan de la Cruz Kairuz, el mismo que está encausado y señalado como partícipe de la patota que secuestró y desapareció al médico Luis Arédez, en la ciudad jujeña de Libertador General San Martín, en donde funciona el Ingenio Ledesma.

Organismos de derechos humanos de Salta y la senadora nacional Nora Giménez (FdT) repudiaron el reconocimiento de los ediles. Fue anecdótico que dos concejales del Frente de Todos capitalino votaran a favor del reconocimiento, no hubo pedido de disculpas que valiera, la vergüenza había hecho eco en Buenos Aires, y el cuerpo entero quedó expuesto y en absoluto ridículo.

El autor del proyecto era ni más ni menos que Ángel Causarano, el vicepresidente del cuerpo de ediles, quien se excusó en la ignorancia. La peor de las excusas.

Sin embargo, lo acontecido esta semana rompe todo récord de ignorancia e ignominia. Además de llamar poderosamente la atención, generando suspicacias, dudas… esto que está pasando no puede ser cierto.

Un concejal, Ariel Chuky Flores, aceptó un juicio abreviado (o sea se declaró culpable) en donde se lo sindica como el autor intelectual de una banda que había realizado una salvaje entradera en un domicilio del popular barrio San Calixto.

El acto, que según trascendió, tenía mucho de cinematográfico (4 camionetas de alta gama, y unos entre 30 y 40 hombres armados asaltan una propiedad y amedrentando a los vecinos), pareciera una escena mexicana, o de las villas de Rosario de Santa Fe.

Tal vez la 1-11-14 porteña, pero no encaja en la tranquila realidad salteña. Todo el mundillo político estaba al tanto de esto, se sabía que cuando la sentencia estalle, el escándalo sería grande, y sin embargo desde el olmedismo le dieron cabida a tamaño delincuente. Y no solo eso, el presidente del Concejo Deliberante salteño, Darío Madile, jamás hizo nada al respecto para impedir que Flores se siente en su recinto.

Cabe aclarar que Chuky Flores llegó gracias al brutal empujón de votos otorgado por Alberto Beto Castillo, quien renunciara a su banca para ocupar un lugar en la gerencia de REMSa, la compañía con mayoría de acciones estatal que maneja los tejes y manejes de la minería en la provincia. Castillo tampoco hizo nada, aunque Chuky era parte de su lista.

Las sospechas apuntan a manejos turbios relacionados con dinero de cooperativas y construcción de viviendas, ventas y entregas de lotes, asociaciones sociales que administran ayuda social.

Los más desconfiados señalan que el malón de malandras llegó hasta ahí en la búsqueda de un bolso que “alguien” se olvidó de entregar, mucho dinero en juego. La dueña de la morada recibió el aviso justo a tiempo y pudo salir del domicilio y darse a la fuga, en tanto que cuando el malón llegó no había a quien ajusticiar, ni bolsos para recobrar. En venganza le desvalijaron la casa y le destruyeron todo. Detrás de esta movida estaba el humorista Ariel Chuky Flores.

Manejos de la política, dinero de los barrios y de la asistencia social, personas que lucran con la necesidad de la gente, pobreza extrema y desesperación. Finalmente, hubo denuncia, investigación y el juicio, que comenzaba el día martes se pospuso para el miércoles. Los acusados se habían dado a la fuga, excepto Chuky, que ya venía masticando la derrota. Los jefes dentro del Concejo Deliberante hacían silencio, ya que tenían conocimiento de todo.

Finalmente, tras las presiones, Chuky Flores aceptó el juicio abreviado, una condena tranquila y sin cárcel, pero tuvo que renunciar a su banca. Suficiente lo bancaron adentro hasta finalizar el proceso. El recinto deliberativo capitalino tocó así su punto más profundo, y si bien no estalló con la fuerza con la que lo debería haber hecho, la mancha quedará por siempre y será recordada, no es ni común, ni casual que la justicia condene a un concejal de una ciudad capital por delitos de esta naturaleza. La casa no está en orden, el Concejo Deliberante de Darío Madile se transformó en un aguantadero.

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