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¡Con razón! Festival de la Chicha en La Caldera, la excusa para "lavar" el bono de los municipales

Con una cartelera un tanto austera, el intendente Diego Sumbay busca generar algunos recursos.

La tradicional celebración que se llevará a cabo este viernes y el próximo sábado en el municipio de La Caldera, tiene un elevado costo de organización que incluye la compra de bebidas alcohólicas para vender en el predio, la logística y el caché de los artistas que serán los verdaderos protagonistas del retorno de esta festividad masiva que vuelve a llevarse a cabo tras la suspensión en 2021, por las restricciones causadas por la pandemia de Coronavirus.

Con una cartelera un tanto austera, el intendente Diego Sumbay busca generar algunos recursos para “el municipio” con este evento que promete poco y nada, siendo sinceros, debido al gasto excesivo que tuvieron los más fiesteros con el reciente desentierro y entierro del carnaval y la Serenata a Cafayate, entre otras festividades.

Esto, sin dudas, trae en alerta al pueblo ya que lejos de ocurrir como en otros lugares tal vez más tradicionales como el Valle Calchaquí, donde se viven verdaderos éxodos de salteños (sobre todo de Capital), que permanecen entre tres y 4 días en pueblos como Cachi, San Carlos o el mismo Cafayate para sus diversos festivales.

La cercanía de La Caldera con la Ciudad de Salta no representa una mayor economía para el pueblo, al menos en materia de hospedaje y alimentación, que es donde aquellos más alejados pueden hacer la diferencia económica.

La Caldera está a poco menos de una hora de viaje en colectivo interurbano desde el centro de la Capital. Para la fiesta de la Chicha, es muy poco probable que algún grupo viaje para hospedarse en el pueblo durante el fin de semana, teniendo a pocos minutos sus hogares o, en el caso de turistas, más opciones para alojarse.

Lo mismo ocurre con la gastronomía, al haber poca oferta, la demanda se destina hacia el ingreso a Vaqueros o a la propia Ciudad de Salta. Es muy diferente a lo que ocurre en otros destinos donde, por la lejanía, la oferta y el costo de los pasajes, obligan a buscar dónde pasar las noches y donde alimentarse a aquellos que van a festivalear.

Por ende, no se podría decir que en este caso, el festival sea economía de familia, salvo para aquellos que vendan comida al paso, ambulantes o comercios con venta de bebidas alcohólicas, no mucho más.

Aquí recae la cuestión del pueblo de replantearse si es realmente necesario realizar un festival tan costoso, con una inversión importante en artistas, aunque casi ninguno de un “peso” considerable como para acarrear seguidores hacia su predio.

Los Tekis y Las Voces de Orán son, tal vez, los números más convocantes para cada uno de las noches en las que se llevarán a cabo las jornadas. Desde el municipio distintos funcionarios confían en que el acompañamiento será masivo y, al ser un evento organizado por la propia municipalidad, las ganancias quedarían para ser empleadas en distintos proyectos.

La cuestión empieza a enturbiarse un poco cuando los propios empleados comunales recuerdan que hace poco más de un mes, el intendente intentó otorgarles un “bono miseria” de tan solo 13 mil pesos en minicuotas.

En aquella ocasión, el gobierno había enviado a cada Municipio la suma de 10 mil pesos para cada empleado, con el fin de que cada jefe comunal aportara el mismo importe en una segunda cuota. Esto no iba a ocurrir así por lo que los trabajadores realizaron protestas en todo el departamento.

“Esa vez nos dijeron que después de La Chicha nos iban a pagar” afirmó un referente gremial de remera verde quien rememoró que allá por el mes de enero, cuando todavía las restricciones no permitían eventos masivos de más de mil asistentes, el intendente Diego Sumbay les habría asegurado que invertiría el dinero del bono en el festival y que después se lo iban a agradecer tras las ganancias. Obviamente esto no parece que vaya a tener lógica ya que la salteñidad, si no lo tiene al Chaqueño Palavecino en la cartelera, parece desanimarse y prefiere mirarlo por streaming.

La preocupación está, habrá que esperar hasta la semana que viene para saber si uno de los municipios más empobrecidos de la provincia puede hacer gala de quedar con números en negro tras el festival, o si de lo contrario la inversión de Sumbay resulta en una verdadera patinada de recursos que podrían haberse destinado a terminar de pintarle la cara al Cristo Redentor o hacer el puente para que las comunidades no queden aisladas, por ejemplo.

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