Política
Camaleónico

Con menos vergüenza que votos, el ministro Abel Cornejo anunció que quiere ser intendente

El ministro de Seguridad y Justicia Abel Cornejo quien primero dijo que quería ir por la Gobernación, luego por una banca en el Congreso de la Nacion, luego bajó a la Legislatura local y ahora dice que va por la Intendencia.

El funcionario provincial, quien hace un mes afirmaba que lucharía por una banca en la Cámara de Diputados de la provincia, parece haberse contagiado de Miguel Nanni y ahora cambió el rumbo de sus aspiraciones para un plano más local, aunque de mucho más poder de decisión como lo es un cargo ejecutivo y no legislativo. No se descarta que, en el marco de la llegada de la primavera, se postule como el "paje" del Grand Bourg.

Abel Cornejo pasó, en menos de un año, a ser de todo menos serio. El ex juez de la Corte de Justicia de Salta supo ser un hombre respetado en el ambiente público y político. En la provincia, nombrarlo era palabra mayor. Fue tenido en cuenta como un sabio, un filósofo, alguien cuya palabra era indiscutible. Todo ello cambió en noviembre, cuando aceptó el cargo de ministro de Seguridad de la provincia, se anexó Justicia, quitándoselo a Ricardo Villada, y comenzó a ser el cuestionable funcionario a quien todo el mundo le reclama la pésima gestión que lleva a cabo su caprichosa persona.

A pesar de su defectuoso rendimiento, Cornejo no dejó de insinuar (al comienzo) con su intención de dejar de ocupar cargos intermedios para tomar las riendas de la provincia. Así, en algunas declaraciones, coqueteó con la idea de ser, algún día, gobernador. De hecho, desde el inicio de su gestión ministerial, su equipo de colaboradores entre los que destacan reconocidas periodistas locales, intentó llevar adelante un trabajo de constante exposición del funcionario, para instalarlo en la retina de los posibles votantes.

Ya entrado este nuevo año, las encuestas encargadas por distintos sectores, incluido el propio ministro, le dieron un duro golpe de realidad. La gente no lo registraba, no lo ubicaba, y los que sabían de su existencia tenían un pésimo concepto. Esto último no era para menos. La provincia vio crecer la cantidad y la violencia en los hechos delictivos. A esto se suma la falta de móviles, de personal, y de cumplimiento de promesas como lo fue la compra de un helicóptero para la policía. La renuncia que al final quedó sin efecto y el enfrentamiento con Gustavo Orozco, debilitó aún más la imagen del ministro quien dejó de aspirar a ser el próximo mandatario.

Pasado el primer semestre, el tablero de Cornejo volvió a ordenarse; o eso pareció por un tiempo. El titular de Seguridad y Justicia anunciaba, previo al tiempo del Milagro, sus intenciones de ser diputado provincial por alguna fuerza oficialista. Aquel que quería ser gobernador, y que se midió para llegar al Congreso de la Nación, ahora se conformaba con sentarse en el recinto de la Legislatura local. A los días se contradijo y desmintió estar pensando en una candidatura. Menos de 30 días después, volvió a hablar de candidaturas.

Ahora, con la supuesta bendición del gobernador, Cornejo podría aspirar a pelear por la intendencia capitalina, tal vez el distrito donde posee el mayor porcentaje de imagen negativa, y al que más descuidó (por la densidad poblacional) en cuanto a lo que seguridad respecta. Tal vez lo más relevante que hizo en las últimas semanas o meses fue cantar con el “ChaqueñoPalavecino, pero eso, al menos que las elecciones se lleven a cabo al otro día de la Serenata a Cafayate, no le acarreará los votos que hoy no tiene, y que todo indica que no tendrá.

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