Salta reordena sus piezas: el oficialismo fija banderas y la oposición mira desde atrás
En Salta, El Poncho volvió a demostrar que entendió algo que el resto del tablero político todavía no procesa: los próximos dos años ya no son tiempos de pelea, palabras o solo discursos vacíos, sino de acumulación de poder y acciones proactivas rumbo a un 2027 que será áspero.
Y mientras algunos sectores siguen parados en discursos nacionales que acá no impactan, Gustavo Sáenz y Emiliano Durand ya salieron a marcar la cancha con decisiones que apuntan directamente a cuestiones estructurales.
Sáenz: recorte, orden y un mensaje directo hacia adentro
La aprobación del Presupuesto 2026, con gastos por casi 3,89 billones y un superávit proyectado, no es solo un trámite técnico: es la señal de que el gobernador decidió blindar su última etapa de gobierno con un mensaje doble.
Por un lado, alinearse discursivamente con Nación reduciendo estructuras; por el otro, dejar claro que el ajuste no será un dogma sino una herramienta administrativa.
El 88 por ciento de los recursos siguen orientados a Educación, Salud y Seguridad, pilares que en Salta no pueden permitirse austeridades mágicas ni motosierra.
La reforma integral de la Ley de Ministerios, en cambio, sí es un movimiento político estratégico. La reaparición de la Jefatura de Gabinete, la limitación a 30 Secretarías y la reducción de ministerios a ocho, muestran un Ejecutivo provincial que busca compactarse para gobernar con menos intermediarios y más control.
No es solo eficiencia: es conducción. La figura del jefe de Gabinete, con poder real para articular obras y políticas, vuelve para ordenar la mesa chica y definir responsabilidades concretas cara a cara con 2027.
En un contexto provincial donde cada funcionario mide más su supervivencia individual que su aporte al proyecto, Sáenz eligió el camino contrario: recortar, reordenar y recentralizar.
Durand: presupuesto aprobado y un 2026 que se perfila como un obrador a cielo abierto
Mientras tanto, en la Municipalidad de Salta, Emiliano Durand consiguió algo que vale más que un video viral en redes: el Presupuesto 2026 aprobado con amplia mayoría.
Pero lo relevante no es el trámite legislativo, es el contenido. El intendente decidió duplicar la inversión en infraestructura, pasando de 49 mil millones a 102 mil millones. Y lo hizo acompañándolo con una reducción del gasto corriente que baja del 84 por ciento al 60,49 del total.
Durand elige mostrar gestión con cemento, no con la repetición de conceptos de moda y antipolítica. Si el gobernador compacta estructuras, el intendente amplía obras. Dos estrategias distintas para un mismo objetivo: visibilidad, resultados y territorialidad.
La ciudad, si los números se ejecutan como fueron planteados, tendrá un 2026 de ritmo inédito: calles, plazas, drenajes, cordones cuneta y frentes barriales multiplicados. Para un electorado que castiga la inacción más que las ideas, el mensaje es evidente: "acá se trabaja".
Una oposición sin pulso
El contraste es inevitable. La oposición, reactiva y sin liderazgos consistentes, llega tarde a todos los debates. Mientras Sáenz reordena ministerios y Durand lanza la mayor inversión municipal en años, en los espacios opositores todavía discuten cómo generar una oferta a la población que no consista en ser simple repitentes de los anuncios de Javier Milei.
No hay propuestas que afecten a Salta, solo parecieran estar autorizados a replicar la exaltación a la Vaca Sagrada y los insultos a Cristina, para la provincia, nada.
El problema es estructural: No tienen figuras proactivas. No dominan agenda local alguna. No encuentran un relato que compita con obras y orden. Y en esta provincia, donde cada barrio tiene urgencias palpables, la promesa de recorte no enamora a nadie.
Si la oposición no entiende que el 2027 no se gana con diagnósticos u ataques, sino con presencia y propuestas, terminará como hasta ahora: opinando desde la banquina.
El tablero de fondo
El oficialismo salteño no está improvisando. Está dejando claras sus banderas para los próximos dos años: Eficiencia administrativa y recorte de estructuras (Sáenz).
Obras como capital político directo (Durand). Ordenamiento interno del poder con una Jefatura de Gabinete revalorizada. Presupuestos aprobados, superávit proyectado y foco en áreas sensibles.
En una provincia donde la gestión pesa más que la retórica, estos movimientos son señales inequívocas: el oficialismo ya salió a disputar el 2027. El resto, por ahora, solo mira.








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